viernes, 4 de septiembre de 2026

Geología de un pasivo permanente: ¿Puede la aritmética trimestral financiar la responsabilidad de las próximas generaciones en Donoso?

El 16 de octubre de 2025 publicamos en Linkedin el ártículo: "Mina Donoso: Salud vs Economía
Hoy le traemos ahora este seguimiento.

Por: Walter Caballero

Introducción: una decisión que no puede medirse solamente en dólares

El debate sobre Cobre Panamá suele presentarse como una disyuntiva entre economía y ambiente. Sin embargo, esa forma de plantearlo resulta insuficiente.

La pregunta no es únicamente cuánto empleo puede generar una mina, cuánto aporta al producto interno bruto o cuánto podría recibir el Estado en ingresos fiscales.

La pregunta también es qué riesgos se asumen, quién los asume y quién responde por ellos cuando la actividad deja de producir ingresos.

La minería puede aportar beneficios económicos importantes. También puede generar impactos ambientales y riesgos para la salud. Reconocer ambas cosas no es una contradicción: es el punto de partida de una discusión responsable.

En Panamá, esa discusión adquiere una dimensión especial por el cierre de Cobre Panamá, las obligaciones ambientales pendientes y la necesidad de decidir cómo se manejará el sitio.

La auditoría integral realizada por SGS constituye un elemento relevante para conocer el estado del proyecto, pero sus resultados deben interpretarse con precisión.

El informe evaluó compromisos legales, fiscales, ambientales y operacionales; no equivale a una certificación de que no existen riesgos sanitarios ni a una autorización automática para reanudar la extracción.

Por eso, antes de discutir una eventual reapertura, considero indispensable responder una pregunta fundamental:

¿Puede Panamá demostrar que los riesgos ambientales y sanitarios de una actividad minera de gran escala pueden ser prevenidos, controlados y financiados durante toda la vida del proyecto y después de su cierre?

Si la respuesta todavía no está suficientemente sustentada, el deber del Estado no es apresurarse. Es investigar, informar y exigir las garantías necesarias.

1. El verdadero problema: beneficios temporales y responsabilidades de largo plazo

Una mina puede operar durante décadas. Pero algunos de sus impactos potenciales pueden requerir vigilancia y manejo durante mucho más tiempo.

Esto no significa que todo proyecto minero produzca necesariamente un daño permanente. Significa que la duración de una obligación ambiental no debe suponerse igual a la duración de la actividad económica que la originó.

Durante la operación, la empresa puede generar ingresos, empleos, exportaciones y actividad económica. Después del cierre, sin embargo, pueden continuar existiendo obligaciones relacionadas con:

  • La estabilidad de las instalaciones.
  • El manejo de materiales extraídos.
  • La calidad de las aguas.
  • La restauración de suelos y ecosistemas.
  • El monitoreo ambiental.
  • La atención de eventuales impactos sobre las comunidades.

La pregunta económica, entonces, no debería limitarse a cuánto produce la mina mientras está abierta. También debería incluir cuánto cuesta mantener bajo control sus riesgos cuando ya no produce.

Y esa es una responsabilidad que no puede quedar definida únicamente por el precio internacional del cobre o por los resultados de un trimestre.

2. ¿Qué nos dice realmente la auditoría de SGS?

La auditoría integral es importante porque permite revisar el cumplimiento de compromisos y conocer la situación del proyecto desde distintos componentes. MiAmbiente informó que SGS solicitó una prórroga para completar las verificaciones y los anexos del informe final, lo que demuestra que se trataba de una evaluación técnica que debía ser revisada antes de su divulgación.

Los resultados publicados posteriormente reportaron un 87.73% de cumplimiento integral. Esa cifra debe leerse con cuidado.

No es correcto convertirla automáticamente en una calificación escolar. Tampoco sería correcto afirmar que el 12.27% restante representa, por sí solo, un daño sanitario irreversible. Lo que corresponde es preguntar:

  • ¿Qué compromisos fueron evaluados?
  • ¿Qué incumplimientos se identificaron?
  • ¿Cuáles son administrativos y cuáles tienen relevancia ambiental?
  • ¿Qué hallazgos requieren corrección inmediata?
  • ¿Qué riesgos permanecen abiertos?
  • ¿Qué medidas de cierre o preservación son necesarias?
  • ¿Quién verificará que las medidas correctivas realmente funcionen?

La auditoría, por tanto, no debe utilizarse como un argumento para cerrar el debate, sino como una herramienta para hacerlo más serio.

Si el informe identifica deficiencias en restauración ecológica, biodiversidad o monitoreo ambiental, esas deficiencias deben ser analizadas según su importancia y sus consecuencias. Pero tampoco debemos afirmar que cada incumplimiento equivale automáticamente a contaminación de las comunidades o a una enfermedad. Para eso se necesita evidencia específica.

3. El drenaje ácido de roca: un riesgo que merece atención

Uno de los temas más importantes en la minería de sulfuros es el drenaje ácido de roca, conocido como DAR.

Este fenómeno puede producirse cuando minerales sulfurados, como la pirita, quedan expuestos al oxígeno y al agua. Bajo determinadas condiciones, las reacciones químicas pueden generar acidez y favorecer la movilización de metales presentes en la roca.

El riesgo no consiste solamente en que el agua tenga un pH bajo. También importa que la acidez pueda facilitar la movilización de elementos que, dependiendo de su concentración y de la exposición, pueden afectar la calidad del agua y los ecosistemas.

Pero aquí debemos ser rigurosos: la posibilidad de que exista DAR no demuestra por sí sola que todas las aguas de la zona estén contaminadas ni que exista daño sanitario en las comunidades.

Para establecerlo se necesitan datos de campo, análisis de laboratorio, series de monitoreo y estudios que permitan conocer:

  • Qué sustancias están presentes.
  • En qué concentraciones.
  • En qué lugares.
  • Durante cuánto tiempo.
  • Si existe exposición humana.
  • Si esa exposición representa un riesgo sanitario.
  • Si las medidas de control están funcionando.

La presencia de agua ácida o de materiales potencialmente generadores de acidez debe tomarse en serio. Pero la conclusión correcta es que requiere evaluación y manejo, no que ya se ha demostrado una catástrofe sanitaria.

4. Los relaves: el riesgo no termina cuando se detiene la extracción

Otro aspecto que merece especial atención es el manejo de los relaves, es decir, los materiales que quedan después del procesamiento del mineral.

Las instalaciones de relaves requieren planificación, mantenimiento, vigilancia y medidas de seguridad. Su estabilidad depende de factores como el diseño, las condiciones del terreno, el agua, los materiales almacenados y el comportamiento de las estructuras.

Por eso, el cierre de una mina no puede entenderse simplemente como “dejar de trabajar”. Cerrar una mina significa pasar de una etapa de producción a una etapa de gestión de riesgos.

En el caso de Cobre Panamá, la auditoría integral incluyó la revisión de aspectos técnicos, operacionales y de riesgos y pasivos. Esa información debe utilizarse para determinar qué medidas son necesarias para la preservación segura del sitio y cuáles son las obligaciones que deben mantenerse después del cierre.

No sería responsable afirmar que existe una falla inminente si no contamos con una evaluación técnica que lo demuestre. Pero tampoco sería responsable ignorar el riesgo de que una instalación requiera mantenimiento o vigilancia durante un período prolongado.

La ausencia de una falla hoy no elimina la obligación de prevenir una falla mañana.

5. Salud pública: entre el peligro, la exposición y el daño

Aquí es donde considero que el debate debe incorporar una perspectiva sanitaria más rigurosa.

En toxicología, no basta con identificar una sustancia peligrosa. También es necesario conocer la exposición. Una sustancia puede representar un peligro, pero el riesgo depende de factores como la concentración, la duración, la vía de contacto y las características de la población.

Por eso, cuando hablamos de metales como plomo, cadmio o arsénico, debemos distinguir entre:

Peligro: la capacidad de una sustancia para producir daño.

Exposición: el contacto de una persona con esa sustancia, por ejemplo, a través del agua, los alimentos, el aire o el suelo.

Riesgo: la probabilidad de que esa exposición produzca un efecto adverso.

Daño demostrado: la existencia de evidencia suficiente para establecer que un efecto sanitario ocurrió y que está relacionado con una exposición determinada.

Esta distinción es fundamental. No debemos afirmar que una comunidad está enferma por causa de la mina sin estudios que lo demuestren. Pero tampoco debemos esperar a que aparezcan enfermedades para exigir prevención y vigilancia.

La salud pública trabaja precisamente con esa lógica: identificar peligros, evaluar exposiciones, prevenir riesgos y detectar oportunamente posibles efectos.

6. Una fotografía no es una película: los límites de un resultado normal

En ocasiones se escucha decir que los análisis de los ríos demuestran que todo está bien. Pero esa conclusión puede ser demasiado amplia.

Un análisis de agua informa sobre las condiciones de la muestra tomada, en el lugar y momento en que se tomó, y sobre los parámetros que se decidieron medir. No necesariamente permite conocer todas las variaciones que pueden ocurrir a lo largo del tiempo.

La comparación con la salud humana ayuda a comprenderlo.

Una persona puede realizarse exámenes médicos y obtener resultados normales. Eso es una buena noticia, pero no significa que tenga garantizada la ausencia de una enfermedad futura. Los exámenes son herramientas para detectar determinadas condiciones; su capacidad depende de qué se busca, cómo se mide y cuándo se realiza la evaluación.

En el ambiente ocurre algo semejante.

Un resultado normal es una buena noticia, pero no equivale a una garantía de que nunca habrá un problema.

Por eso, la pregunta correcta no es solamente:

“¿El río está bien hoy?”

También debemos preguntar:

“¿Qué se está midiendo?, ¿con qué frecuencia?, ¿qué ocurre durante las lluvias intensas?, ¿qué sustancias podrían movilizarse?, ¿qué cambios se observan a lo largo del tiempo?, ¿y qué sistema existe para detectar un problema antes de que se convierta en un daño mayor?”

La investigación científica sobre drenaje ácido de mina demuestra que la respuesta ambiental puede cambiar según las condiciones del agua, el caudal y la mineralogía. En algunos sitios, los contaminantes pueden presentar variaciones estacionales importantes, y la duración de la afectación puede ser difícil de determinar.

Esto tiene una consecuencia importante para Panamá: el monitoreo no debe limitarse a comprobar que una muestra cumple con los parámetros establecidos. También debe permitir comprender cómo evoluciona el sistema ambiental.

Y aquí debemos ser rigurosos. No se trata de afirmar que los análisis no sirven. Sí sirven, y son indispensables. Tampoco se trata de afirmar que existe contaminación porque todavía no se ha demostrado que no existe.

Se trata de reconocer que la ausencia de evidencia en una muestra no debe confundirse con evidencia de ausencia de riesgo.

En toxicología ambiental, además, es necesario distinguir entre la medición de una sustancia y sus efectos sobre la salud. La presencia de un contaminante no demuestra por sí sola que haya causado una enfermedad, y la ausencia de un contaminante en una muestra biológica tampoco demuestra necesariamente que nunca hubo exposición. Por eso se necesitan estudios de exposición, toxicología y vigilancia sanitaria que permitan interpretar los resultados correctamente.

La prevención no consiste en demostrar que todo está bien en un momento determinado. Consiste en establecer un sistema capaz de detectar, investigar y corregir los problemas que puedan aparecer con el tiempo.

7. ¿Qué debería exigir Panamá antes de discutir una reapertura?

Si el Estado considera cualquier escenario futuro para Cobre Panamá, considero que debería exigir, como mínimo, un sistema de garantías y vigilancia que permita responder preguntas concretas.

A. Una línea de base sanitaria

Antes de atribuir cambios en la salud de una población a una actividad minera, es necesario conocer su situación sanitaria previa.

Por eso sería razonable que el MINSA, con apoyo del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, evaluara la posibilidad de establecer una línea de base sanitaria en las comunidades cercanas al proyecto.

Esa línea de base podría incluir, según los riesgos identificados y los criterios técnicos correspondientes:

  • Indicadores de salud renal.
  • Indicadores de salud neurológica.
  • Vigilancia de enfermedades crónicas.
  • Evaluación de posibles exposiciones a metales.
  • Seguimiento de poblaciones especialmente vulnerables.

La finalidad no sería “demostrar que la mina enferma”, sino contar con información científica que permita detectar, investigar y prevenir posibles efectos sobre la salud.

B. Monitoreo ambiental independiente y transparente

El monitoreo ambiental debe permitir conocer la calidad del agua y otros componentes relevantes del entorno.

Pero no basta con publicar una cifra aislada. Se necesita conocer la metodología, los puntos de muestreo, los límites de detección, la frecuencia de análisis y los criterios utilizados para interpretar los resultados.

También sería conveniente que la información relevante pudiera ser consultada por la academia y por la ciudadanía, de manera que el debate no dependa exclusivamente de comunicados de la empresa o del Gobierno.

C. Garantías financieras para el cierre

Una de las preguntas más importantes es quién asumirá los costos de las obligaciones ambientales cuando la actividad deje de generar ingresos.

Por eso, cualquier eventual escenario futuro debería contemplar garantías financieras suficientes para cubrir las obligaciones de cierre, preservación, monitoreo y tratamiento que correspondan.

La responsabilidad ambiental no debe depender de que el precio del cobre sea favorable ni de que la empresa continúe operando.

D. Evaluación independiente de los riesgos

Las decisiones deben apoyarse en evaluaciones técnicas independientes, especialmente en materias como estabilidad geotécnica, manejo de aguas, relaves, restauración ecológica y riesgos sanitarios.

La independencia no significa que todos los expertos deban pensar igual. Significa que sus conclusiones deben poder ser examinadas, contrastadas y verificadas.

7. La necesidad de minerales no elimina la obligación de evaluar sus costos

Es cierto que la sociedad moderna utiliza minerales para fabricar computadoras, teléfonos, vehículos, equipos médicos y muchas otras tecnologías.

Pero ese hecho no responde por sí solo a la pregunta de si una mina específica debe operar.

Reconocer la importancia de los minerales no significa aceptar cualquier condición de extracción. La necesidad de un recurso no convierte automáticamente en aceptable cualquier impacto asociado a su obtención.

La discusión debe ser más madura: qué minerales necesitamos, de dónde provienen, cómo se extraen, qué impactos generan, qué alternativas existen y qué condiciones deben cumplirse para proteger a las personas y al ambiente.

En el caso de Panamá, eso significa que el debate sobre Cobre Panamá no debe reducirse a “necesitamos cobre” o “no necesitamos cobre”. Debe centrarse en qué condiciones permitirían, o impedirían, considerar responsable una actividad minera de esa magnitud.

8. El costo económico también debe incluir el costo de la responsabilidad

La economía es importante. El empleo es importante. Los ingresos fiscales son importantes. Pero también lo es el costo de mantener un pasivo ambiental bajo control.

Una evaluación económica completa debería considerar no solamente los beneficios de la operación, sino también:

  • Los costos de cierre.
  • Los costos de mantenimiento.
  • Los costos de monitoreo.
  • Los costos de restauración.
  • Los costos de eventuales medidas correctivas.
  • Los costos de vigilancia sanitaria.
  • Los riesgos financieros asociados a obligaciones de largo plazo.

Esto no significa que todos esos costos deban ser necesariamente asumidos por el Estado. Significa que deben ser identificados, cuantificados cuando sea posible y asignados de manera clara.

Si no se conocen, la evaluación económica queda incompleta.

Conclusión: la salud pública no puede ser una variable de ajuste

El debate sobre Cobre Panamá no debería resolverse mediante consignas. Tampoco mediante una cifra aislada de cumplimiento.

La auditoría integral es un insumo importante, pero no sustituye la evaluación de riesgos sanitarios ni determina por sí sola el futuro del proyecto. El drenaje ácido de roca es un riesgo que merece atención técnica, pero no debe confundirse con una prueba automática de daño sanitario. Y la estabilidad de los relaves debe evaluarse con rigor, sin exageraciones ni minimizaciones.

Mi posición es que Panamá debe exigir evidencia suficiente antes de tomar decisiones que puedan comprometer la salud pública y el ambiente durante generaciones.

No se trata de negar la importancia de la economía. Se trata de reconocer que la economía también debe responder por sus costos.

No se trata de afirmar que toda minería es necesariamente destructiva. Se trata de exigir que cada proyecto sea evaluado según sus riesgos reales, sus medidas de control y sus responsabilidades.

Y no se trata de esperar a que aparezca el daño para actuar. Se trata de construir un sistema de prevención, vigilancia y responsabilidad que permita tomar decisiones informadas.

Porque una actividad económica puede ser rentable durante décadas, pero la responsabilidad de sus consecuencias no puede terminar cuando termina el último trimestre de producción.

 

No hay comentarios:

Geología de un pasivo permanente: ¿Puede la aritmética trimestral financiar la responsabilidad de las próximas generaciones en Donoso?

El 16 de octubre de 2025 publicamos en Linkedin el ártículo: "Mina Donoso: Salud vs Economía Hoy le traemos ahora este seguimiento. Por...