martes, 29 de septiembre de 2026

De la auditoría a la realidad: Lo que la entrevista de SGS nos revela sobre el pasivo ambiental en Donoso

 Por: Walter Caballero



En nuestro análisis anterior abordamos la premisa de que una fotografía no es una película, argumentando que los resultados aislados de un monitoreo ambiental no reflejan necesariamente la evolución de un ecosistema complejo a lo largo del tiempo. Recientemente, el 29 de septiembre de 2026, durante la Edición Matutina de Telemetro Reporta (emitida a partir de las 6:00 a. m.) (9:25), la entrevista televisiva al ingeniero Miguel Gutiérrez, consultor de la empresa SGS —encargada de la auditoría integral de Cobre Panamá— (1:00:10), ha aportado datos sumamente valiosos que nos permiten pasar de la abstracción teórica a las realidades técnicas de la ingeniería planetaria. 
La información vertida en ese espacio (disponible en el canal oficial de Telemetro Reporta en YouTube) (9:25) no debe utilizarse para avivar pasiones ideológicas, sino para profundizar con rigurosidad científica en el verdadero dilema que enfrenta el país.
En lo personal, considero que el recurso mineral puede y debe ser explotado si se demuestra que es viable para el desarrollo del país. La minería a gran escala es una realidad de la sociedad moderna que provee componentes indispensables para la tecnología y la transición energética. Sin embargo, la aceptación de esta actividad no implica firmar un cheque en blanco. El verdadero debate radica en las condiciones indispensables para mitigar y controlar los efectos en los seres humanos y en el medio ambiente, tanto durante el periodo de extracción como en las etapas posteriores al cierre.
La falacia de la "calificación escolar": El significado del 87%
El informe de SGS reportó un 87.73% de cumplimiento integral, una cifra que el consultor defendió asimilándola a la nota de un "estudiante responsable" en el ámbito académico (1:15:12). Sin embargo, en la gestión de pasivos ambientales permanentes, un porcentaje remanente de incumplimiento del 12.27% no puede interpretarse como un simple margen de error tolerable.
El propio consultor admitió que las principales "no conformidades" identificadas se concentran en componentes críticos como la reforestación y la conservación de la fauna (1:01:09). Más preocupante aún fue la revelación de que el equipo auditor no pudo acceder al 20% de las áreas de reforestación programadas debido a las dificultades climáticas del invierno histórico de la zona (1:06:29). Si una auditoría técnica encuentra limitaciones de acceso y falta de control en la restauración ecológica en un momento determinado, el Estado no puede asumir que los riesgos ecológicos de largo plazo están resueltos. La ausencia de verificación en el campo no debe confundirse jamás con una evidencia de ausencia de riesgo.
La cinética química del tajo: El Drenaje Ácido de Roca
Uno de los puntos más rigurosos de la entrevista fue la explicación del Drenaje Ácido de Roca (DAR). El consultor confirmó que los minerales del sitio son sulfuros y que la apertura del tajo (el hueco expuesto a la atmósfera) incrementa significativamente la superficie de contacto de la roca con el agua y el oxígeno, potencializando la generación de acidez (1:01:55). Aunque se aseguró que actualmente el fenómeno "se está controlando" mediante la inoculación constante de cal para estabilizar el pH de los vertimientos dentro de las normas legales (1:02:54), esta declaración abre una interrogante económica y operativa de carácter generacional.
El control del drenaje ácido no es un evento estático; es un proceso químico activo que requiere infraestructura, insumos, energía y mano de obra constante. Si en el estado actual de preservación y gestión segura el riesgo se mantiene bajo control gracias a una intervención humana continua, cabe preguntarse: ¿Quién financiará el costo de la cal, el mantenimiento de las estaciones de bombeo y la neutralización de las aguas cuando el proyecto deje de percibir ingresos por la fluctuación de los mercados internacionales o por la finalización de la vida útil de la mina? La responsabilidad ambiental de un pasivo permanente no puede quedar sujeta a la aritmética de un informe financiero trimestral.
La paradoja del mantenimiento preventivo frente a la operación
Quizás el argumento técnico más contundente expuesto por el representante de SGS fue la advertencia de que mantener una mina de sulfuros detenida de forma indefinida, bajo un esquema de restricciones operativas o de preservación limitada, incrementa de manera sustancial los riesgos ambientales en comparación con una mina en explotación activa (1:12:22). En una mina operativa, los sistemas de gestión, la recirculación de aguas del proceso y los controles de ingeniería forman parte de la dinámica diaria de la empresa (1:12:59). Al reducirse la actividad a un mantenimiento mínimo, los sistemas de mitigación se vuelven más vulnerables a las inclemencias del entorno (1:12:34).
Esta paradoja técnica nos obliga a encarar el problema con pragmatismo científico. Si dejar la mina cerrada de forma prolongada y sin las garantías necesarias acelera el riesgo de lixiviación o inestabilidad en las tinas de relaves, la opción de una explotación regulada bajo los más estrictos estándares internacionales y una fiscalización soberana e independiente no debe descartarse por prejuicios ideológicos. A veces, la presencia de una estructura operativa activa es la única herramienta técnica capaz de contener los riesgos que la propia perturbación de la tierra ha generado.
Conclusión: Exigencias científicas para una decisión soberana
La salud pública y la preservación ecológica no pueden ser variables de ajuste económico. Para que Panamá pueda considerar responsablemente cualquier escenario futuro en Donoso, el Estado debe elevar el nivel de exigencia técnica.
En primer lugar, es imperativo que el Ministerio de Salud (MINSA), en coordinación con instituciones de alta solvencia científica como el Instituto Conmemorativo Gorgas, establezca una línea de base de vigilancia epidemiológica y toxicológica en las comunidades aledañas, permitiendo medir de forma objetiva la exposición real a metales y descartar o prevenir daños sanitarios con datos de campo, no con especulaciones de redes sociales. En segundo lugar, se requiere la constitución de fideicomisos y garantías financieras líquidas y auditables que aseguren el financiamiento perpetuo del tratamiento de aguas y la estabilidad geotécnica de los relaves, independientemente de la viabilidad comercial de la operadora.
La auditoría de SGS nos ha brindado una valiosa herramienta de diagnóstico, pero la decisión final sobre el territorio requiere una visión de Estado que trascienda los periodos gubernamentales. Porque los beneficios económicos de un proyecto pueden durar unas cuantas décadas, pero la obligación de custodiar la estabilidad de nuestro entorno y la salud de las próximas generaciones es una responsabilidad permanente.

jueves, 17 de septiembre de 2026

El uso de los psicotrópicos: responsabilidad, seguridad y el papel del farmacéutico en Panamá

 

El uso de los psicotrópicos: responsabilidad, seguridad y el papel del farmacéutico en Panamá

Por Walter Caballero

Actualización 2026

En octubre de 2007 publiqué en este mismo espacio un artículo titulado “El uso de los psicotrópicos”. En aquel momento mi intención era llamar la atención sobre un tema que sigue siendo de gran importancia: el uso responsable de medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central y que, por sus características farmacológicas, pueden producir tolerancia, dependencia y otros efectos que requieren especial cuidado.

[Ver publicación de 2007]

Han pasado casi dos décadas desde aquella publicación.

Durante todo este tiempo han cambiado las normas sanitarias, han aparecido nuevos medicamentos, se han modificado los listados de sustancias sometidas a control y también ha evolucionado la manera en que entendemos la responsabilidad de médicos, farmacéuticos, pacientes y establecimientos farmacéuticos.

Por eso considero oportuno retomar aquel tema y actualizarlo.

No se trata de alarmar acerca de los psicotrópicos. Tampoco de convertirlos en medicamentos que el paciente deba temer.

Se trata, sencillamente, de recordar que un medicamento que puede ser muy útil cuando está correctamente indicado también puede convertirse en un problema cuando se utiliza de manera inadecuada.


¿Qué entendemos por psicotrópicos?

Los psicotrópicos son sustancias capaces de producir efectos sobre el sistema nervioso central y, por tanto, pueden modificar aspectos como el estado de ánimo, la ansiedad, el sueño, la conducta, la percepción o determinadas funciones neurológicas.

Dentro de este grupo encontramos medicamentos utilizados en situaciones clínicas muy diversas.

Algunos son indispensables para tratar trastornos de ansiedad, insomnio, epilepsia, determinados trastornos psiquiátricos, déficit de atención y otras condiciones médicas.

El problema no está necesariamente en el medicamento.

El problema puede aparecer cuando se utiliza sin la indicación adecuada, durante más tiempo del necesario, en dosis diferentes a las prescritas o sin una adecuada supervisión profesional.

Por esa razón, hablar de psicotrópicos debe llevarnos inmediatamente a hablar de uso racional y seguimiento del tratamiento.

En la farmacia es común que un paciente llegue al mostrador y pregunte: “Tengo insomnio, ¿puedo tomar alprazolam?”

Es allí donde el farmacéutico, y dentro de sus funciones el personal técnico de farmacia, debe orientar al paciente y explicarle que no se trata simplemente de escoger una tableta para resolver un problema de sueño. Cuando estamos frente a un medicamento que requiere prescripción y que además está sujeto a controles especiales, debemos actuar con responsabilidad.


Tolerancia, dependencia y uso prolongado

Uno de los aspectos que debemos comprender es que algunos psicotrópicos pueden producir tolerancia y dependencia.

La tolerancia ocurre cuando, con el tiempo, el organismo puede requerir una dosis mayor para producir un efecto similar.

La dependencia, por otra parte, significa que el organismo se ha adaptado a la presencia del medicamento y que su suspensión brusca puede producir síntomas de abstinencia.

Esto no significa que toda persona que utiliza un psicotrópico vaya necesariamente a desarrollar una adicción.

Tampoco significa que estos medicamentos no deban utilizarse.

Significa que su utilización debe responder a una indicación médica, con la dosis y duración apropiadas, y con seguimiento cuando sea necesario.

Una de las situaciones que debemos evitar es que el paciente llegue a considerar el medicamento como una solución permanente para cualquier problema de sueño, ansiedad o malestar emocional, sin que exista una evaluación médica que determine si realmente debe continuar utilizándolo.


El medicamento no debe convertirse en una costumbre

Existe una diferencia importante entre utilizar un medicamento porque existe una necesidad terapéutica y utilizarlo simplemente porque la persona siente que ya no puede funcionar sin él.

Por ejemplo, una persona puede comenzar utilizando un medicamento para dormir durante un período determinado.

Con el paso del tiempo puede llegar a pensar:

“Si no me tomo la pastilla, no puedo dormir”.

Y entonces comienza a utilizarla todas las noches, incluso cuando la situación que originó el tratamiento ya desapareció.

Ese es precisamente el tipo de situación que debemos tratar de prevenir mediante un adecuado seguimiento.

Cuando un paciente lleva mucho tiempo utilizando un psicotrópico, no corresponde simplemente decirle:

“Deje de tomarlo”.

En determinados medicamentos, la suspensión debe realizarse de manera gradual y bajo supervisión médica.

Por eso, ante tratamientos prolongados, la comunicación entre médico, farmacéutico y paciente adquiere especial importancia.

Es como aquel caso del paciente que un día nos dice, en vez de una tableta me estoy tomando dos, porque una ya no me hace efecto.

Y entonces surge una pregunta muy sencilla:

¿Quién le autorizó a tomar una más?

Es precisamente allí donde la intervención farmacéutica puede ser fundamental para orientar al paciente y evitar que él mismo vaya modificando su tratamiento.


La responsabilidad comienza con una buena prescripción

El médico tiene una responsabilidad fundamental.

Antes de prescribir un psicotrópico debe valorar la condición del paciente, los medicamentos que utiliza, sus antecedentes y los posibles riesgos asociados al tratamiento.

También debe existir claridad respecto a la dosis, frecuencia y duración del tratamiento.

Una prescripción responsable no termina cuando se escribe la receta.

Debe existir también una valoración posterior de la respuesta del paciente.

Esto es particularmente importante cuando se trata de medicamentos con potencial de dependencia.


Y allí aparece el farmacéutico

En muchas ocasiones el farmacéutico es el último profesional de salud que tiene contacto con el paciente antes de que el medicamento llegue a sus manos.

Eso representa una responsabilidad, pero también una oportunidad.

El farmacéutico puede detectar situaciones que quizás no hayan sido evidentes durante la consulta médica.

Por ejemplo:

  • pacientes que presentan varias recetas de diferentes médicos;
  • tratamientos que parecen prolongarse indefinidamente;
  • duplicidad de medicamentos;
  • dosis que generan dudas;
  • posibles interacciones con otros medicamentos;
  • utilización diferente a la indicada;
  • pacientes que solicitan repetidamente un medicamento antes del tiempo esperado;
  • o personas que manifiestan temor ante la posibilidad de quedarse sin su medicamento.

Estas situaciones no deben ser vistas automáticamente como una conducta fraudulenta o como una intención de abuso.

Primero debemos preguntar, escuchar y evaluar.

A veces detrás de una conducta que nos llama la atención puede existir simplemente un paciente que no ha comprendido correctamente su tratamiento.

La farmacia no debe convertirse en un lugar donde simplemente se entrega una caja.


Una experiencia que me hizo reflexionar

Hace algunos años tuve la oportunidad de atender a una persona que utilizaba un psicotrópico de una manera que comenzaba a preocuparme.

En lugar de limitarme a entregar el medicamento, conversé con el paciente.

La conversación permitió conocer mejor lo que estaba ocurriendo y comprender que detrás de aquella solicitud repetida existía una situación que necesitaba atención.

La intervención farmacéutica, en ese caso, no consistió en sustituir al médico.

Consistió en orientar, detectar una posible situación de riesgo y contribuir a que el paciente recibiera la atención que necesitaba.

Esa experiencia reforzó en mí una idea que sigo considerando fundamental:

El farmacéutico no está solamente para entregar medicamentos; también está para ayudar a que esos medicamentos se utilicen correctamente.


Los psicotrópicos requieren controles especiales

La preocupación por el uso indebido de estas sustancias no es exclusiva de Panamá.

Los psicotrópicos y estupefacientes están sujetos a sistemas internacionales y nacionales de fiscalización precisamente por el riesgo que pueden representar cuando son utilizados fuera de los fines médicos y científicos autorizados.

En Panamá, la regulación actual se encuentra sustentada, entre otras normas, en la Ley 14 de 19 de mayo de 2016, que regula las actividades relacionadas con sustancias controladas para fines médicos y/o científicos, y en su reglamentación mediante el Decreto Ejecutivo No. 183 de 8 de junio de 2018.

Más recientemente, la Resolución No. 200 de 26 de septiembre de 2025 actualizó el listado oficial de sustancias controladas permitidas en el territorio nacional para uso médico y científico. Dentro de ese listado se encuentra una categoría específica de sustancias psicotrópicas sujetas a control internacional.

Esto demuestra algo importante:

La regulación no es estática.

Los profesionales y establecimientos que trabajan con estos medicamentos debemos mantenernos atentos a las modificaciones de las normas y de los listados oficiales.


Una receta no es simplemente un papel

Cuando hablamos de psicotrópicos, la receta adquiere una importancia especial.

No basta con que exista una receta.

Debe cumplir con los requisitos correspondientes y permitir establecer claramente quién prescribe, quién es el paciente, qué medicamento se prescribe y bajo qué condiciones debe utilizarse.

La normativa panameña establece, además, requisitos y límites específicos relacionados con la dispensación de recetas de productos que contienen psicotrópicos y estupefacientes.

Por eso, ante este tipo de medicamentos, verificar la receta forma parte del acto profesional de dispensación.

No es una simple formalidad administrativa.

Detrás de una receta hay un médico que prescribe, un farmacéutico que debe verificar y dispensar conforme a las normas, y un paciente que espera recibir un tratamiento seguro.


¿Qué debe hacer el paciente?

El paciente también tiene una responsabilidad.

Si utiliza un psicotrópico:

No debe aumentar la dosis por su cuenta.

No debe reducirla o suspenderla bruscamente sin orientación profesional cuando exista riesgo de abstinencia.

No debe compartir el medicamento con familiares o amigos.

No debe utilizar medicamentos prescritos para otra persona.

Debe informar al médico y al farmacéutico sobre otros medicamentos que esté tomando.

Y, sobre todo, debe comprender que sentirse mejor no significa necesariamente que el tratamiento deba mantenerse indefinidamente, ni significa que pueda modificarse sin consultar.


¿Y qué debe hacer el farmacéutico?

Desde mi punto de vista, el farmacéutico debe mantener un equilibrio.

Por un lado, debe respetar la prescripción y procurar que el paciente pueda acceder a su tratamiento cuando este se encuentre correctamente indicado y cumpla los requisitos establecidos.

Pero, por otro lado, debe actuar profesionalmente cuando detecte una situación que pueda representar un riesgo.

Eso puede significar:

  • verificar cuidadosamente la receta;
  • revisar posibles duplicidades;
  • orientar al paciente;
  • identificar posibles interacciones;
  • preguntar cuando exista alguna inconsistencia;
  • documentar las situaciones que corresponda;
  • comunicarse con el médico cuando sea necesario;
  • y cumplir estrictamente los procedimientos establecidos para los medicamentos sometidos a control.

Controlar no significa dificultar el acceso.

Controlar significa procurar que el medicamento llegue al paciente correcto, en las condiciones correctas y bajo la responsabilidad profesional correspondiente.


El control sanitario también protege al paciente

A veces los controles pueden parecer excesivos para quien observa solamente el acto de dispensar.

Pero detrás de cada requisito existe una razón.

Verificar una receta, registrar una operación, mantener un inventario, custodiar adecuadamente un medicamento o comprobar quién realizó la dispensación no son acciones destinadas simplemente a llenar formularios.

Son mecanismos de trazabilidad y seguridad.

La experiencia de la fiscalización sanitaria demuestra precisamente la importancia de mantener estos procesos correctamente documentados y bajo la responsabilidad profesional correspondiente.

Una diferencia de inventario, una receta incompleta, un registro atrasado o una operación que no pueda ser debidamente sustentada pueden convertirse en señales de que algo no está funcionando como debería.

Y en medicamentos con potencial de abuso o dependencia, prevenir siempre será mejor que investigar después.


Han pasado casi veinte años

Cuando escribí aquel primer artículo en 2007, probablemente no imaginaba que casi veinte años después estaría regresando al mismo tema.

Pero hay algo que no ha cambiado:

los medicamentos son herramientas extraordinarias de la medicina, pero su beneficio depende de que sean utilizados correctamente.

En estos años han cambiado los nombres de algunos medicamentos, las normas, los sistemas de control y las formas de dispensación.

También ha cambiado la tecnología.

Pero sigue siendo necesario algo que ninguna tecnología puede sustituir completamente:

el criterio profesional.

El médico debe prescribir responsablemente.

El farmacéutico debe dispensar responsablemente.

El paciente debe utilizar responsablemente.

Y las autoridades sanitarias deben establecer controles que protejan a la población sin perder de vista el derecho de los pacientes a recibir los tratamientos que necesitan.


Del artículo de 2007 al Panamá de 2026

Mi artículo original hablaba principalmente de una preocupación: el uso inadecuado de los psicotrópicos y el riesgo de dependencia.

Hoy, en 2026, esa preocupación sigue vigente.

Pero ahora podemos verla desde una perspectiva un poco más amplia:

prescripción responsable + dispensación profesional + seguimiento del paciente + control sanitario + educación.

No se trata de satanizar los psicotrópicos.

Muchos pacientes los necesitan y se benefician de ellos.

Se trata de utilizarlos con respeto.

Porque un medicamento puede ser una herramienta terapéutica extraordinaria cuando se utiliza correctamente, pero puede convertirse en un problema cuando se pierde de vista su propósito.


Una reflexión final

Como farmacéutico, considero que nuestra responsabilidad no termina cuando entregamos el medicamento.

En realidad, allí comienza una parte importante de nuestro trabajo.

Cuando entregamos un psicotrópico estamos entregando mucho más que una caja.

Estamos poniendo en manos de una persona un medicamento que puede modificar su sistema nervioso, aliviar un sufrimiento, mejorar su calidad de vida y, en determinadas circunstancias, generar dependencia si no se utiliza correctamente.

Por eso debemos preguntarnos siempre:

¿Estoy simplemente entregando un medicamento o estoy contribuyendo a que ese medicamento sea utilizado de manera segura?

La diferencia entre ambas cosas puede parecer pequeña.

Pero desde el punto de vista farmacéutico, es enorme.


Nota de actualización

Este artículo es una actualización del texto original “El uso de los Psicotrópicos”, publicado en este blog en 2007.

La presente versión incorpora elementos regulatorios vigentes y una reflexión desde la práctica farmacéutica actual en Panamá.

Las disposiciones sanitarias pueden ser modificadas por la autoridad competente, por lo que ante situaciones regulatorias específicas debe consultarse siempre la normativa oficial vigente.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Detrás del Mostrador: La Transformación Económica, la Degradación del Servicio y el Futuro de la Farmacia Comunitaria en Panamá

 

El acceso a los medicamentos y la atención de salud periférica constituyen pilares fundamentales para el bienestar de cualquier sociedad. 
En Panamá, el sector farmacéutico ha experimentado una metamorfosis radical a lo largo de los últimos cincuenta años. 
Lo que a mediados del siglo XX se erigía como una profesión de alta confianza científica, estrecha cercanía humana y un rol activo en la ciencia galénica, se ha transformado hoy en un mercado corporativo hipercompetitivo, caracterizado por la concentración del volumen de compra y una alarmante despersonalización en el servicio. 
Esta evolución, impulsada por cambios legislativos mal compensados y la desregulación comercial, plantea un desafío crítico no solo para la supervivencia de la farmacia independiente, sino para la seguridad misma del paciente panameño. 
1. La Era del Control de Precios: Competencia por Calidad de Servicio
Durante la década de 1970 y los primeros años de los 80, el mercado farmacéutico panameño operaba bajo un estricto régimen de control de precios. 
En este entorno regulatorio, el Estado fijaba un tope máximo de recargo del 33% sobre el costo de adquisición de los productos. 
Aunque a nivel normativo se expresaba de esta forma, en la práctica contable y financiera de los estados de resultados, este recargo representaba exactamente una utilidad bruta del 25% sobre el precio de venta final (\(0.33 / 1.33 \approx 24.81\%\)). 
Dado que todas las farmacias del país vendían prácticamente a los mismos precios, la competencia comercial no se basaba en guerras de descuentos, sino en la calidad del servicio técnico y humano brindado a la población.
Bajo este modelo económico, el número de establecimientos farmacéuticos a nivel nacional era reducido y equilibrado respecto a la densidad demográfica. 
En localidades del interior del país, como en el distrito de Soná en la provincia de Veraguas, existían apenas dos farmacias tradicionales para atender a toda la comunidad. 
Esta baja densidad aseguraba un volumen de venta natural y suficiente para que los propietarios cubrieran holgadamente sus costos operativos, pagaran planillas completas y sostuvieran la presencia de un farmacéutico idóneo de tiempo completo.
En aquellos tiempos, la esencia de lo que hoy conocemos como Atención Farmacéutica se manifestaba en el mostrador a través de la ciencia galénica. 
Amparados bajo la Ley que regulaba el ejercicio de la profesión y las actividades farmacéuticas, los profesionales preparaban de forma cotidiana fórmulas magistrales dictadas por los médicos y formulas oficinales segun las farmacopeas. 
Las farmacias eran centros de confianza donde se elaboraban localmente lociones de calamina, tinturas de árnica o ruibarbo, alcohol al 70%, soluciones salinas de uso nasal y papelillos dosificados manualmente y muchos mas.
Este enfoque en la excelencia del servicio se replicaba en otros sectores de la empleomanía nacional, incluidos los supermercados. 
Los comercios contaban con personal suficiente para que el cliente se sintiera especial: las bandas de las cajas registradoras operaban en su totalidad con cajeras y empacadores de sobra para evitar retrasos, y en los mostradores de carnicería los carniceros conversaban con el cliente, personalizaban los cortes y priorizaban el buen trato. 
La falta de atención o la queja de un cliente eran los peores escenarios comerciales posibles.
2. El Quiebre del Modelo: La Ley de Jubilados, la Distorsión del Margen y el "Contrabando Familiar"
El punto de inflexión que alteró permanentemente la fijación de precios y los márgenes del sector ocurrió a finales de la década de 1980. 
Iniciativas comerciales del sector privado panameño —como las políticas voluntarias de descuentos para la tercera edad y los emblemáticos días de descuento general implementados originalmente por cadenas como Supermercados Riba Smith— demostraron que el volumen de venta podía utilizarse como una herramienta de atracción y beneficio social. 
Esto generó un fuerte clamor popular que culminó en la aprobación de la Ley 6 de 10 de junio de 1987 por parte de la Asamblea Legislativa. 
En su redacción original, el Artículo 1, Numeral 7 de la Ley 6 de 1987 estipulaba un descuento del 10% en las farmacias del valor de los medicamentos que los jubilados, pensionados y la tercera edad adquirieran, limitándolo estrictamente a productos bajo "prescripción médica" (con receta). 
Sin embargo, tras intensos debates y bajo la presión de las organizaciones de jubilados frente al incremento en el costo de la vida, el marco legislativo fue reformado en la década de 1990.
Esta modificación introdujo dos cambios drásticos: elevó el descuento obligatorio al 20% y eliminó el requisito de la receta, modificando la frase por un universal "por la compra de medicamentos". 
Esta alteración semántica desató dos fenómenos sumamente lesivos para la sostenibilidad del sector:
  1. La Paradoja Económica: Al no contemplar el legislador un subsidio estatal o mecanismo de compensación real, las farmacias independientes se vieron obligadas a abandonar el histórico recargo del 33% sobre el costo para no quebrar absorbiendo el 20% obligatorio en productos de venta libre (OTC) con márgenes estrechos. Los comercios elevaron sus márgenes de marcado a porcentajes superiores al 40% o 50% sobre el costo. En consecuencia, una ley diseñada para beneficiar a la tercera edad terminó encareciendo los precios de lista base para el resto de la población general.
  2. El "Contrabando Familiar": Al permitirse la compra sin prescripción médica, se abrió una laguna comercial masiva. El adulto mayor pasó a fungir involuntariamente como el comprador delegado de todo su núcleo familiar. Se volvió común que los jubilados acudieran al mostrador a exigir el 20% de descuento por antigripales para los hijos o pastillas anticonceptivas para las nietas. Las farmacias independientes terminaron subsidiando de sus propios bolsillos el consumo farmacéutico de la población económicamente activa y joven del país.
3. La Pasividad Gremial, el Asalto de los Supermercados y el Desembarco Transnacional
Durante años, las farmacias independientes operaron bajo una comodidad cómplice: retenían las bonificaciones y ofertas por volumen de los laboratorios en sus tesorerías sin trasladarlas al consumidor general, manteniendo una falsa ilusión de igualdad de condiciones sin crear uniones de compras conjuntas.
Esta pasividad facilitó el crecimiento del modelo de grandes superficies. Cuando se autorizó la apertura de farmacias dentro de los supermercados (Rey, 99, Riba Smith), las cadenas se toparon inicialmente con una fuerte barrera cultural: el paciente panameño prefería y confiaba ciegamente en su farmacia tradicional de barrio. 
Para romper esta fidelidad histórica y forzar la migración de los pacientes, los supermercados implementaron agresivas estrategias de descuentos fijos por día (días de descuento general en medicamentos). 
Al no poder competir en asesoría clínica, compitieron con lo que la farmacia de barrio no podía igualar: sacrificar margen a cambio del volumen y compensar las pérdidas mediante la venta cruzada de alimentos y víveres. 
En su momento, solo voces visionarias como la del Licenciado Guillermo Devil (q.e.p.d.) advirtieron sobre el riesgo de ceder este terreno, pero el gremio permaneció inerte.
El panorama nacional cambió de forma definitiva a finales de la década de 2000, con la llegada en mayo de 2007 de cadenas internacionales de descuento masivo como FarmaValue. 
Con un profundo estudio de mercado, irrumpieron ofreciendo un 25% de descuento directo a todo público y captando al personal técnico y farmacéutico con mejores ofertas salariales. 
Su verdadera ventaja radicaba en el volumen de escala internacional, lo que les permitía sentarse a negociar directamente con los laboratorios fabricantes que controlan los costos de origen. 
Esto aceleró la asfixia de las farmacias independientes, atrapadas en un mercado saturado donde poblados como Soná pasaron de albergar 2 farmacias a registrar cerca de 12 establecimientos, pulverizando la rentabilidad por local.
4. El Colapso del Servicio y el "Trabajador Orquesta": Una Alerta Sanitaria
En el Panamá contemporáneo de 2026, la problemática de la reducción de personal y la precarización del servicio se ha extendido a todos los sectores comerciales. 
Se evidencia con nitidez en las franquicias de comida rápida (como KFC o Popeyes), donde en los autoservicios un solo colaborador atiende por el auricular, corre a la pantalla, cobra por la ventanilla y empaca la orden, realizando las tareas de tres o cuatro empleados. 
De igual forma, en los supermercados, los usuarios enfrentan filas interminables con solo una o dos cajas abiertas de 15 disponibles, mientras un único carnicero despacha lentamente a decenas de personas en nombre de la optimización de planillas.
Este modelo del "trabajador orquesta" se ha replicado peligrosamente en las farmacias. De acuerdo con los registros de la Dirección Nacional de Farmacia y Drogas del MINSA, Panamá pasó de unas 180 farmacias en 1980 a más de 1,200 en la actualidad; sin embargo, el crecimiento físico ha sido inverso a la calidad del servicio. 
Hoy en día, una sola persona por turno debe limpiar, atender la caja registradora, controlar inventarios, procesar puntos de venta y buscar medicamentos en los tramos. Esta sobrecarga anula por completo la Atención Farmacéutica: no hay tiempo material para explicar posologías, interacciones o consultar signos vitales. 
Peor aún, abre una peligrosa ventana para que personal técnico o no idóneo termine realizando validaciones y dispensaciones sin el criterio del farmacéutico profesional, poniendo en riesgo la seguridad del paciente.
5. La Encrucijada Legislativa Actual (Proyecto de Ley 226)
El debate vuelve a repetirse en 2026 con la discusión del Proyecto de Ley 226, recientemente aprobado en tercer debate por la Asamblea Nacional. 
La propuesta busca ampliar los descuentos a jubilados hasta un 25% en insumos de salud y hasta un 30% en medicamentos. 
El gremio de farmacias pequeñas, agrupado en UNPROFA, ha solicitado formalmente el veto total o parcial al presidente José Raúl Mulino. 
La razón es contundente: a diferencia de los años 90, hoy las farmacias pequeñas ya no pueden recurrir a la fórmula de inflar sus precios de lista, porque las cadenas transnacionales y los supermercados ya operan con descuentos del 25% al 30%. 
Si el proyecto se convierte en ley sin modificaciones, las farmacias comunitarias que no cuentan con crédito fiscal efectivo o músculo financiero se verían obligadas a cerrar sus puertas. 
6. La Salida Estratégica: La Prescripción Médica y el SFT como Oportunidad de Negocio
En lugar de limitarse a una resistencia pasiva frente a la ley, la verdadera oportunidad estratégica para la farmacia independiente consiste en proponer e impulsar que el descuento a jubilados quede rigurosamente condicionado y reglamentado mediante prescripción médica comprobable.
Esta exigencia no representaría un obstáculo burocrático, sino la mayor ventaja competitiva de la farmacia comunitaria si se articula a través del Seguimiento Farmacoterapéutico (SFT):
  • Digitalización y Registro Único: El paciente jubilado acude a su farmacia comunitaria la primera vez con su receta médica original. La farmacia registra al paciente en su programa de SFT, documenta su patología (diabetes, hipertensión, dislipidemia), valida la vigencia del tratamiento crónico y archiva el soporte clínico. A partir de ese momento, el paciente no requiere presentar físicamente una nueva receta en cada compra mensual; el sistema de seguimiento de la farmacia justifica legalmente que el tratamiento responde a una prescripción médica continua.
  • Poder de Negociación por Cohortes: Comercio es comercio. Si una farmacia comunitaria fideliza bajo este sistema a 100 o 200 pacientes crónicos que consumen un medicamento cardiovascular o metabólico específico, adquiere una posición de fuerza cuantitativa. Con esa base de datos y consumo garantizado, el farmacéutico independiente puede acudir directamente al distribuidor o laboratorio farmacéutico para negociar un descuento por volumen exclusivo para ese medicamento, demostrando salida inmediata y asegurada.
  • Blindaje contra el Abuso: El filtro del SFT garantiza que el descuento del 25% o 30% se aplique con estricto rigor ético y clínico exclusivamente al adulto mayor para sus dolencias reales, cerrando la puerta al desvío de medicamentos para familiares no beneficiarios.
  • Fidelización Asistencial Inquebrantable: Mientras las grandes cadenas transnacionales despachan medicamentos de forma fría y apresurada, la farmacia comunitaria complementa el registro del medicamento con la toma de presión, el control de glicemia, la revisión de adherencia y una palabra de afecto y respeto hacia el adulto mayor además de un programa de educación al paciente que puede implementarse.
Volver a la esencia de la farmacia tradicional, profesionalizada mediante el Seguimiento Farmacoterapéutico y la medicina preventiva, no es solo el camino para sortear la asfixia de las nuevas reformas legislativas; es la fórmula maestra para demostrar que el valor del farmacéutico comunitario está muy por encima de cualquier guerra de descuentos.


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