El uso de los psicotrópicos: responsabilidad, seguridad y el papel del farmacéutico en Panamá
Por Walter Caballero
Actualización 2026
En octubre de 2007 publiqué en este mismo espacio un artículo titulado “El uso de los psicotrópicos”. En aquel momento mi intención era llamar la atención sobre un tema que sigue siendo de gran importancia: el uso responsable de medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central y que, por sus características farmacológicas, pueden producir tolerancia, dependencia y otros efectos que requieren especial cuidado.
Han pasado casi dos décadas desde aquella publicación.
Durante todo este tiempo han cambiado las normas sanitarias, han aparecido nuevos medicamentos, se han modificado los listados de sustancias sometidas a control y también ha evolucionado la manera en que entendemos la responsabilidad de médicos, farmacéuticos, pacientes y establecimientos farmacéuticos.
Por eso considero oportuno retomar aquel tema y actualizarlo.
No se trata de alarmar acerca de los psicotrópicos. Tampoco de convertirlos en medicamentos que el paciente deba temer.
Se trata, sencillamente, de recordar que un medicamento que puede ser muy útil cuando está correctamente indicado también puede convertirse en un problema cuando se utiliza de manera inadecuada.
¿Qué entendemos por psicotrópicos?
Los psicotrópicos son sustancias capaces de producir efectos sobre el sistema nervioso central y, por tanto, pueden modificar aspectos como el estado de ánimo, la ansiedad, el sueño, la conducta, la percepción o determinadas funciones neurológicas.
Dentro de este grupo encontramos medicamentos utilizados en situaciones clínicas muy diversas.
Algunos son indispensables para tratar trastornos de ansiedad, insomnio, epilepsia, determinados trastornos psiquiátricos, déficit de atención y otras condiciones médicas.
El problema no está necesariamente en el medicamento.
El problema puede aparecer cuando se utiliza sin la indicación adecuada, durante más tiempo del necesario, en dosis diferentes a las prescritas o sin una adecuada supervisión profesional.
Por esa razón, hablar de psicotrópicos debe llevarnos inmediatamente a hablar de uso racional y seguimiento del tratamiento.
En la farmacia es común que un paciente llegue al mostrador y pregunte: “Tengo insomnio, ¿puedo tomar alprazolam?”
Es allí donde el farmacéutico, y dentro de sus funciones el personal técnico de farmacia, debe orientar al paciente y explicarle que no se trata simplemente de escoger una tableta para resolver un problema de sueño. Cuando estamos frente a un medicamento que requiere prescripción y que además está sujeto a controles especiales, debemos actuar con responsabilidad.
Tolerancia, dependencia y uso prolongado
Uno de los aspectos que debemos comprender es que algunos psicotrópicos pueden producir tolerancia y dependencia.
La tolerancia ocurre cuando, con el tiempo, el organismo puede requerir una dosis mayor para producir un efecto similar.
La dependencia, por otra parte, significa que el organismo se ha adaptado a la presencia del medicamento y que su suspensión brusca puede producir síntomas de abstinencia.
Esto no significa que toda persona que utiliza un psicotrópico vaya necesariamente a desarrollar una adicción.
Tampoco significa que estos medicamentos no deban utilizarse.
Significa que su utilización debe responder a una indicación médica, con la dosis y duración apropiadas, y con seguimiento cuando sea necesario.
Una de las situaciones que debemos evitar es que el paciente llegue a considerar el medicamento como una solución permanente para cualquier problema de sueño, ansiedad o malestar emocional, sin que exista una evaluación médica que determine si realmente debe continuar utilizándolo.
El medicamento no debe convertirse en una costumbre
Existe una diferencia importante entre utilizar un medicamento porque existe una necesidad terapéutica y utilizarlo simplemente porque la persona siente que ya no puede funcionar sin él.
Por ejemplo, una persona puede comenzar utilizando un medicamento para dormir durante un período determinado.
Con el paso del tiempo puede llegar a pensar:
“Si no me tomo la pastilla, no puedo dormir”.
Y entonces comienza a utilizarla todas las noches, incluso cuando la situación que originó el tratamiento ya desapareció.
Ese es precisamente el tipo de situación que debemos tratar de prevenir mediante un adecuado seguimiento.
Cuando un paciente lleva mucho tiempo utilizando un psicotrópico, no corresponde simplemente decirle:
“Deje de tomarlo”.
En determinados medicamentos, la suspensión debe realizarse de manera gradual y bajo supervisión médica.
Por eso, ante tratamientos prolongados, la comunicación entre médico, farmacéutico y paciente adquiere especial importancia.
Es como aquel caso del paciente que un día nos dice, en vez de una tableta me estoy tomando dos, porque una ya no me hace efecto.
Y entonces surge una pregunta muy sencilla:
¿Quién le autorizó a tomar una más?
Es precisamente allí donde la intervención farmacéutica puede ser fundamental para orientar al paciente y evitar que él mismo vaya modificando su tratamiento.
La responsabilidad comienza con una buena prescripción
El médico tiene una responsabilidad fundamental.
Antes de prescribir un psicotrópico debe valorar la condición del paciente, los medicamentos que utiliza, sus antecedentes y los posibles riesgos asociados al tratamiento.
También debe existir claridad respecto a la dosis, frecuencia y duración del tratamiento.
Una prescripción responsable no termina cuando se escribe la receta.
Debe existir también una valoración posterior de la respuesta del paciente.
Esto es particularmente importante cuando se trata de medicamentos con potencial de dependencia.
Y allí aparece el farmacéutico
En muchas ocasiones el farmacéutico es el último profesional de salud que tiene contacto con el paciente antes de que el medicamento llegue a sus manos.
Eso representa una responsabilidad, pero también una oportunidad.
El farmacéutico puede detectar situaciones que quizás no hayan sido evidentes durante la consulta médica.
Por ejemplo:
- pacientes que presentan varias recetas de diferentes médicos;
- tratamientos que parecen prolongarse indefinidamente;
- duplicidad de medicamentos;
- dosis que generan dudas;
- posibles interacciones con otros medicamentos;
- utilización diferente a la indicada;
- pacientes que solicitan repetidamente un medicamento antes del tiempo esperado;
- o personas que manifiestan temor ante la posibilidad de quedarse sin su medicamento.
Estas situaciones no deben ser vistas automáticamente como una conducta fraudulenta o como una intención de abuso.
Primero debemos preguntar, escuchar y evaluar.
A veces detrás de una conducta que nos llama la atención puede existir simplemente un paciente que no ha comprendido correctamente su tratamiento.
La farmacia no debe convertirse en un lugar donde simplemente se entrega una caja.
Una experiencia que me hizo reflexionar
Hace algunos años tuve la oportunidad de atender a una persona que utilizaba un psicotrópico de una manera que comenzaba a preocuparme.
En lugar de limitarme a entregar el medicamento, conversé con el paciente.
La conversación permitió conocer mejor lo que estaba ocurriendo y comprender que detrás de aquella solicitud repetida existía una situación que necesitaba atención.
La intervención farmacéutica, en ese caso, no consistió en sustituir al médico.
Consistió en orientar, detectar una posible situación de riesgo y contribuir a que el paciente recibiera la atención que necesitaba.
Esa experiencia reforzó en mí una idea que sigo considerando fundamental:
El farmacéutico no está solamente para entregar medicamentos; también está para ayudar a que esos medicamentos se utilicen correctamente.
Los psicotrópicos requieren controles especiales
La preocupación por el uso indebido de estas sustancias no es exclusiva de Panamá.
Los psicotrópicos y estupefacientes están sujetos a sistemas internacionales y nacionales de fiscalización precisamente por el riesgo que pueden representar cuando son utilizados fuera de los fines médicos y científicos autorizados.
En Panamá, la regulación actual se encuentra sustentada, entre otras normas, en la Ley 14 de 19 de mayo de 2016, que regula las actividades relacionadas con sustancias controladas para fines médicos y/o científicos, y en su reglamentación mediante el Decreto Ejecutivo No. 183 de 8 de junio de 2018.
Más recientemente, la Resolución No. 200 de 26 de septiembre de 2025 actualizó el listado oficial de sustancias controladas permitidas en el territorio nacional para uso médico y científico. Dentro de ese listado se encuentra una categoría específica de sustancias psicotrópicas sujetas a control internacional.
Esto demuestra algo importante:
La regulación no es estática.
Los profesionales y establecimientos que trabajan con estos medicamentos debemos mantenernos atentos a las modificaciones de las normas y de los listados oficiales.
Una receta no es simplemente un papel
Cuando hablamos de psicotrópicos, la receta adquiere una importancia especial.
No basta con que exista una receta.
Debe cumplir con los requisitos correspondientes y permitir establecer claramente quién prescribe, quién es el paciente, qué medicamento se prescribe y bajo qué condiciones debe utilizarse.
La normativa panameña establece, además, requisitos y límites específicos relacionados con la dispensación de recetas de productos que contienen psicotrópicos y estupefacientes.
Por eso, ante este tipo de medicamentos, verificar la receta forma parte del acto profesional de dispensación.
No es una simple formalidad administrativa.
Detrás de una receta hay un médico que prescribe, un farmacéutico que debe verificar y dispensar conforme a las normas, y un paciente que espera recibir un tratamiento seguro.
¿Qué debe hacer el paciente?
El paciente también tiene una responsabilidad.
Si utiliza un psicotrópico:
No debe aumentar la dosis por su cuenta.
No debe reducirla o suspenderla bruscamente sin orientación profesional cuando exista riesgo de abstinencia.
No debe compartir el medicamento con familiares o amigos.
No debe utilizar medicamentos prescritos para otra persona.
Debe informar al médico y al farmacéutico sobre otros medicamentos que esté tomando.
Y, sobre todo, debe comprender que sentirse mejor no significa necesariamente que el tratamiento deba mantenerse indefinidamente, ni significa que pueda modificarse sin consultar.
¿Y qué debe hacer el farmacéutico?
Desde mi punto de vista, el farmacéutico debe mantener un equilibrio.
Por un lado, debe respetar la prescripción y procurar que el paciente pueda acceder a su tratamiento cuando este se encuentre correctamente indicado y cumpla los requisitos establecidos.
Pero, por otro lado, debe actuar profesionalmente cuando detecte una situación que pueda representar un riesgo.
Eso puede significar:
- verificar cuidadosamente la receta;
- revisar posibles duplicidades;
- orientar al paciente;
- identificar posibles interacciones;
- preguntar cuando exista alguna inconsistencia;
- documentar las situaciones que corresponda;
- comunicarse con el médico cuando sea necesario;
- y cumplir estrictamente los procedimientos establecidos para los medicamentos sometidos a control.
Controlar no significa dificultar el acceso.
Controlar significa procurar que el medicamento llegue al paciente correcto, en las condiciones correctas y bajo la responsabilidad profesional correspondiente.
El control sanitario también protege al paciente
A veces los controles pueden parecer excesivos para quien observa solamente el acto de dispensar.
Pero detrás de cada requisito existe una razón.
Verificar una receta, registrar una operación, mantener un inventario, custodiar adecuadamente un medicamento o comprobar quién realizó la dispensación no son acciones destinadas simplemente a llenar formularios.
Son mecanismos de trazabilidad y seguridad.
La experiencia de la fiscalización sanitaria demuestra precisamente la importancia de mantener estos procesos correctamente documentados y bajo la responsabilidad profesional correspondiente.
Una diferencia de inventario, una receta incompleta, un registro atrasado o una operación que no pueda ser debidamente sustentada pueden convertirse en señales de que algo no está funcionando como debería.
Y en medicamentos con potencial de abuso o dependencia, prevenir siempre será mejor que investigar después.
Han pasado casi veinte años
Cuando escribí aquel primer artículo en 2007, probablemente no imaginaba que casi veinte años después estaría regresando al mismo tema.
Pero hay algo que no ha cambiado:
los medicamentos son herramientas extraordinarias de la medicina, pero su beneficio depende de que sean utilizados correctamente.
En estos años han cambiado los nombres de algunos medicamentos, las normas, los sistemas de control y las formas de dispensación.
También ha cambiado la tecnología.
Pero sigue siendo necesario algo que ninguna tecnología puede sustituir completamente:
el criterio profesional.
El médico debe prescribir responsablemente.
El farmacéutico debe dispensar responsablemente.
El paciente debe utilizar responsablemente.
Y las autoridades sanitarias deben establecer controles que protejan a la población sin perder de vista el derecho de los pacientes a recibir los tratamientos que necesitan.
Del artículo de 2007 al Panamá de 2026
Mi artículo original hablaba principalmente de una preocupación: el uso inadecuado de los psicotrópicos y el riesgo de dependencia.
Hoy, en 2026, esa preocupación sigue vigente.
Pero ahora podemos verla desde una perspectiva un poco más amplia:
prescripción responsable + dispensación profesional + seguimiento del paciente + control sanitario + educación.
No se trata de satanizar los psicotrópicos.
Muchos pacientes los necesitan y se benefician de ellos.
Se trata de utilizarlos con respeto.
Porque un medicamento puede ser una herramienta terapéutica extraordinaria cuando se utiliza correctamente, pero puede convertirse en un problema cuando se pierde de vista su propósito.
Una reflexión final
Como farmacéutico, considero que nuestra responsabilidad no termina cuando entregamos el medicamento.
En realidad, allí comienza una parte importante de nuestro trabajo.
Cuando entregamos un psicotrópico estamos entregando mucho más que una caja.
Estamos poniendo en manos de una persona un medicamento que puede modificar su sistema nervioso, aliviar un sufrimiento, mejorar su calidad de vida y, en determinadas circunstancias, generar dependencia si no se utiliza correctamente.
Por eso debemos preguntarnos siempre:
¿Estoy simplemente entregando un medicamento o estoy contribuyendo a que ese medicamento sea utilizado de manera segura?
La diferencia entre ambas cosas puede parecer pequeña.
Pero desde el punto de vista farmacéutico, es enorme.
Nota de actualización
Este artículo es una actualización del texto original “El uso de los Psicotrópicos”, publicado en este blog en 2007.
La presente versión incorpora elementos regulatorios vigentes y una reflexión desde la práctica farmacéutica actual en Panamá.
Las disposiciones sanitarias pueden ser modificadas por la autoridad competente, por lo que ante situaciones regulatorias específicas debe consultarse siempre la normativa oficial vigente.


